
La nariz se acostumbra al olor, así como en la vida la persona se acostumbra a lo malo. Quienes conviven a diario con ambientes tóxicos, relaciones dañinas y malos hábitos corren el riesgo de normalizarlos.
Lo que antes parecía inaceptable pasa a verse como algo común. Y lo que antes incomodaba deja de llamar la atención.
La mayor amenaza no siempre es el problema en sí, sino nuestra capacidad de adaptarnos a él. Por eso, de vez en cuando, vale la pena detenerse, alejarse y mirar la propia realidad con otros ojos.
No todo aquello a lo que nos acostumbramos debería formar parte de nuestra vida.




