Generic selectors
Exact matches only
Search in title
Search in content
Post Type Selectors

La Luz de la Vida

La urgencia de recibir al Espíritu Santo

… Todavía, por un poco de tiempo, la luz estará entre ustedes. Caminen mientras tienen la luz, para que no los sorprendan las tinieblas; el que anda en la oscuridad no sabe adónde va. Mientras tienen la luz, crean en la luz, para que sean hijos de la luz… (Juan 12:35-36)

En estas palabras, el Señor Jesús nos revela una de las verdades más urgentes y solemnes del Evangelio: la necesidad inaplazable de caminar en la luz mientras está disponible. Él no hablaba solo de su presencia física entre los discípulos, sino de algo mucho más profundo: la oportunidad espiritual que Dios concede al ser humano para recibir la vida por medio del Espíritu Santo.

La luz no es eterna para quien la rechaza, la posterga o la descuida. Por eso el Señor Jesús dice:

Todavía, por un poco de tiempo, la luz estará entre ustedes…” (Juan 12:35)

Estas palabras contienen una alerta y un sentido de urgencia espiritual. Nos enseñan que no debemos tratar la búsqueda del Espíritu Santo como algo secundario, opcional o futuro, sino como una necesidad presente, diaria y vital.

Caminar sin la luz (el Espíritu Santo) es caminar sin dirección. El Señor Jesús afirma claramente: “El que anda en la oscuridad no sabe adónde va” (Juan 12:35).

Esto explica por qué muchas personas viven confundidas, errantes, tomando decisiones que las alejan de Dios, aunque afirman creer en Él. No es falta de religión ni de conocimiento, sino falta de luz interior. Y esa luz solo es posible a través del Espíritu Santo.

crean en la luz, para que sean hijos de la luz…” (Juan 12:36)

Cuando el Señor Jesús dice estas palabras, establece una condición espiritual: solo quien cree recibe, y solo quien recibe se transforma. Ser “hijo de la luz” no es un título religioso, sino una condición espiritual en la cual la persona nace de nuevo y pasa a vivir guiada por Dios, con discernimiento espiritual, temor santo y comunión real con el cielo.

Por eso, la gran necesidad del pueblo de Dios en este tiempo no es adaptarse a la oscuridad del mundo, sino recibir y preservar la luz de la vida. Donde el Espíritu Santo habita, hay claridad espiritual, fuerza para vencer el pecado, capacidad para enfrentar las dificultades, poder para resistir al mal y constancia para perseverar en la salvación hasta el fin.

“Mi Pentecostés”: una actitud diaria de fe y búsqueda

En este contexto, la expresión “Mi Pentecostés” representa algo profundamente bíblico: la obediencia, la confianza y la perseverancia en la búsqueda del Espíritu Santo.

Por esta razón, la unción diaria en la cabeza con aceite consagrado, realizada al despertar, no es un acto místico ni automático. El poder no está en el aceite, sino en la actitud de obediencia, reverencia y fe que acompaña ese acto.

El aceite es un símbolo bíblico del Espíritu Santo que nos recuerda la necesidad de ser ungidos interiormente por Él, así como los sacerdotes y levitas del Antiguo Testamento eran ungidos para servir.

Al ungir la cabeza y buscar al Espíritu Santo en oración, la persona declara delante de Dios:

“Necesito tu luz hoy. No quiero guiarme por mis sentimientos, ni por mi razón, ni por mis experiencias pasadas. Quiero ser guiado por tu Espíritu”.

Eso es “Mi Pentecostés”: vivir cada día como si fuera decisivo para recibir más de Dios, más de su presencia y más de su luz. Es no conformarse con experiencias pasadas, sino anhelar una comunión renovada, viva y constante con el Espíritu Santo.

Un detalle que muchos no han considerado es que el Señor Jesús pronunció estas palabras y luego “se fue y se ocultó de ellos” (Juan 12:36). Esto nos enseña que la luz no se impone, sino que se ofrece. Quien la valora, la busca y la sigue; quien la desprecia, la pierde.

Por eso, debemos tener claro:

Sin el Espíritu Santo, no hay luz interior.

Sin luz, la persona no sabe adónde va.

Solo quienes creen en la luz se convierten en hijos de la luz.

Todos los días, Viviane y yo hemos orado para que, en este tiempo —desde el Domingo de Resurrección hasta el Día de Pentecostés— millones de personas en todo el mundo vivan con fe, temor santo, obediencia, determinación y hambre espiritual, así como los primeros discípulos que permanecieron en oración y expectativa hasta que la promesa se cumplió. No fue un momento casual, sino un proceso de fe, entrega y dependencia total de Dios.

Porque todos los que reciben la luz de la vida no serán sorprendidos por las tinieblas y tendrán la vida eterna junto a Dios.

Fuerza: Dios está contigo, y yo también.

¡Nos vemos pronto, en la iglesia o en las nubes!

 

ÚLTIMAS VISITAS

1.

La Luz de la Vida

2.

Cuatro consejos prácticos para la luz espiritual en familia

3.

La protección en medio de los lobos

4.

Primero busca el Reino de Dios y su justicia

5.

¿Quién te recuerda tus errores y quién te recuerda quién eres?

Desplazamiento al inicio