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¿Quiere problemas o paz?

El mundo clama por la paz y va a la guerra en busca de ella. Sí, es contradictorio, pero todo ser humano la anhela, y muchos no la encuentran porque se sabotean a sí mismos. Esto ocurre porque hay dos maneras de vivir en este mundo: una nos lleva a la muerte incluso antes de la tumba, mientras que la otra nos entrega una paz interior que permanece aun en medio de los problemas. Sobre estos dos caminos aprendemos en las Sagradas Escrituras. En Romanos 8:5-6, por ejemplo, leemos: “Porque los que viven según la carne piensan en las cosas de la carne, pero los que viven según el Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque ocuparse de la carne es muerte, pero ocuparse del Espíritu es vida y paz”.

Quienes viven inclinados hacia la carne, es decir, hacia su propio ego y voluntad, son enemigos de Dios (Romanos 8:7), porque se oponen a Su Palabra. Y estar en contra de Él significa vivir lejos de Su presencia y de la verdadera paz. En cambio, quienes se someten al Espíritu Santo y permiten que Él los guíe alcanzan vida en todos los aspectos: en la salud, en la familia, en las relaciones y en todo lo demás.

Puede parecer difícil tomar esta decisión, y la verdad es que lo es. Después del diablo, nuestra propia voluntad es nuestro mayor enemigo. Actúa en contra de quienes la alimentan, ¿se ha dado cuenta? Por ejemplo, muchas personas están en prisión por haber cedido apenas unos minutos a la furia de la carne. Y cuántos quieren bajar de peso, pero no logran alcanzar su objetivo porque no quieren ir en contra de los deseos de su interior, que se resiste a comer sano y hacer ejercicio.

Por eso, recurrir a Dios y clamar por Su ayuda es esencial para quienes desean vencerse a sí mismos. ¿Quiere tener paz? Humíllese delante de Él y reconozca que necesita ayuda. Y si en algún momento descubre que su ego volvió a engañarlo, arrepiéntase y vuelva a comenzar. Llegará el día en que estará completamente sujeto a la voluntad de Dios.

— Renato Cardoso

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