Dios nos revela en Su Palabra que, por medio de la fe en Su Hijo Jesucristo y del Poder del Espíritu Santo, los sellados con Su Espíritu tienen autoridad y responsabilidad para anunciar el Evangelio, orar por los oprimidos, ministrar la sanidad, enfrentar y deshacer las obras de las tinieblas. Sin embargo, hay algo que nadie puede hacer por otra persona: arrepentirse, abandonar el pecado y obedecer a Dios.
- Podemos predicar.
- Podemos enseñar.
- Podemos orar.
- Podemos orientar y acompañar.
Pero solo la propia persona puede decidir entregarle a Dios sus manías, voluntades, deseos, pecados y, en definitiva, su vida, y practicar Su Palabra.
El pecado no se vence solamente con una oración; se vence con una decisión diaria.
El pecado abre puertas a la destrucción, esclaviza la mente y el alma, vicia y debilita el cuerpo —la carne— y además debilita la comunión con Dios. Por eso, no basta con buscar la liberación si la persona insiste en conservar aquello que la ata a la vieja manera de vivir, al pecado, a los espíritus engañadores y a todo lo que la aparta del Señor.
La verdadera liberación comienza cuando la persona:
- Reconoce su pecado delante de Dios.
- Lo confiesa con sinceridad.
- Se arrepiente de corazón.
- Abandona las prácticas que la destruyen.
- Decide obedecer la Palabra de Dios diariamente.
- Busca al Espíritu Santo sobre todas las cosas.
La liberación no debe convertirse en un momento emocional sin continuidad. La persona necesita permanecer en la fe, cultivar una vida de oración, congregarse los domingos y miércoles, meditar a diario en las Sagradas Escrituras y tomar decisiones coherentes con su nueva vida en Jesucristo.
«El que encubre sus pecados no prosperará, mas el que los confiesa y los abandona hallará misericordia.» Proverbios 28:13
¿Por qué es importante escuchar y practicar la Palabra?
Los espíritus malignos buscan impedir que las personas:
- Escuchen la Palabra de Dios.
- Comprendan Su enseñanza.
- La pongan en práctica.
- Tengan su propia Biblia.
- Anuncien a otros lo que Dios ha dicho y hecho en sus vidas.
Pero cuando una persona escucha la Palabra con fe y humildad, y la practica, su mente comienza a renovarse, sus decisiones cambian y su vida deja de ser gobernada por los antiguos hábitos. Así, los espíritus malignos ya no pueden dominarla.
No se trata solo de tener una Biblia guardada en la casa, sino de permitir que Sus enseñanzas, que liberan, educan y fortalecen, transformen nuestra manera de pensar, ver, hablar, decidir y priorizar. De esta manera, nuestro corazón ya no nos dominará por medio de las emociones. Por eso, la autoridad espiritual no está en repetir frases, sino en vivir en obediencia a Dios.
Una vida entregada a Dios
El Espíritu Santo dice en Romanos 12:1-2:
«Por consiguiente, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es vuestro culto racional. Y no os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto.» Romanos 12:1-2
Presentar el cuerpo como sacrificio vivo significa entregarle a Dios todo lo que nos aparta de Él: la propia voluntad, las suposiciones, las propias decisiones, los prejuicios, los propios pensamientos, las palabras que no edifican, las manías, las relaciones indebidas, los malos hábitos y los proyectos egoístas. Es dejar de vivir según los patrones que nos destruyen y comenzar a vivir según la voluntad del Señor.
¿Qué hacer en la práctica con esta verdad?
Desde hoy:
- Examina tu vida con sinceridad.
- Confiésale a Dios lo que necesitas cambiar.
- Aléjate de ambientes, prácticas y relaciones que te llevan al pecado.
- Lee la Biblia todos los días, aunque comiences con pocos versículos.
- Termina tu oración presentándole a Dios tu vida, tu familia y tus necesidades, y concluye con el Padre Nuestro.
- Busca apoyo espiritual maduro y responsable (el matrimonio de pastores de tu iglesia).
- Practica una enseñanza bíblica concreta cada día.
- Escucha al Obispo Macedo por Instagram.
- Persevera, incluso cuando no veas resultados inmediatos.
La Universal puede ayudarte, pero la decisión de obedecer debe ser personal. Nadie puede practicar la Palabra en tu lugar.
La autoridad se recibe de Dios, pero la obediencia se demuestra con decisiones. Cuando una persona abandona el pecado, renueva su mente y entrega su vida vieja al Señor Jesús, se convierte en un instrumento de honra: un sacrificio vivo, santo y agradable a Dios.
Escucha la Palabra, compréndela, practícala y anúnciala.
¡Nos vemos en la Iglesia Universal o en las Nubes!
Obispo Julio Freitas

