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La fe con inteligencia transforma las promesas en realidad
La Biblia nos muestra que Dios no cambia. El pacto que se selló con Jacob en Betel deja claro que la promesa divina no se sostiene en las circunstancias del momento, sino en la fidelidad de quien pone al Altísimo en el primer lugar de su vida.
Lo que revela la Palabra
Mientras escapaba de su pasado, Jacob se recostó a dormir apoyando la cabeza sobre una piedra. Fue allí, en medio del desierto, donde el Señor hizo con él un pacto poderoso:
- Una presencia asegurada: «He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que vayas.»
- Una descendencia sin límites: su linaje se expandiría hasta los cuatro extremos de la Tierra.
- Un propósito mayor: todas las familias del mundo recibirían bendición a través de él.
Cómo respondió Jacob
Jacob no recibió esa palabra de brazos cruzados. Al despertar, reaccionó de inmediato: tomó la piedra y la levantó como columna, derramó aceite sobre ella y estableció un pacto vivo con Dios. Fue más allá y se comprometió a entregar el diezmo de todo lo que recibiera. Por eso la bendición prometida terminó cumpliéndose de una forma extraordinaria.
Dicho de otro modo
Hay quienes esperan que la prosperidad llegue primero y recién entonces se acercan al Señor. Pero lo ocurrido en Betel enseña el orden correcto: primero está el compromiso de lealtad y después viene la conquista. La fe, de la misma manera, necesita concretarse con entrega y sacrificio en el Altar.
Da un paso más profundo
No pongas en duda, ni por un instante, aquello que Dios te prometió. Si buscas protección, paz y una transformación completa para tu vida y tu familia, inicia hoy mismo este pacto a través de tu fidelidad. Te esperamos en las reuniones de la Sede Nacional, ubicada en Alameda 2558 (Metro Unión Latinoamericana), y en todos los Templos de la Universal. (Direcciones aquí).
Y si una familia está dividida contra si misma, esa familia no puede mantenerse en pie. Marcos 3:25